Mesa de Autoayuda K

Grupo de autoayuda para quienes padecen ciertas molestias ante
comentarios Anti-K o incluso descubren alguna tolerancia al peronismo.

La extraña virtud de la alternancia



Columna publicada en Nueva Ciudad.


Una letanía persistente señala a la alternancia en la política como La Virtud, así, con mayúsculas. Se hace referencia a ella no como la posibilidad que nos ofrecen las elecciones de decidir cambios por la mayoría sino como una característica positiva en sí. Es más, para algunos se trataría incluso de la esencia de la democracia.

El discurso opositor parece enamorado de esta magnificación. La alternancia per se aportaría lo necesario para evitar la corrupción, el enriquecimiento ilícito, las prebendas. En fin: que la cosa pública no se transforme en cosa privada. De lo que se trataría, en síntesis, sería de evitar como el ébola el riesgo del gobernante que se enquista en el poder (para utilizar una muy exitosa metáfora de anatomía patológica).

De tan virtuosa, la glorificación de la alternancia logra lo que pocos: que se tilde a un largo gobierno democrático de monarquía o dictadura, obviando el detalle del voto periódico de una mayoría que lo revalida.

Lo extraño de la cuestión es que la alternancia como cura preventiva contra el poder enquistado sólo es valorada en el caso del Poder Ejecutivo, preferentemente nacional. El resto de los factores de poder no sólo no ve la alternancia como un valor en sí sino que valora todo lo contrario, la continuidad.

Ninguna junta de accionistas votaría en contra de la continuidad de un CEO exitoso para beneficiarse de algo tan intangible como la alternancia. Al contrario, los buenos resultados suelen ser una buena razón para esperar más buenos resultados.

Un CEO recibe el mandato de sus accionistas al igual que un presidente de sus electores. Las decisiones de un CEO enriquecen o empobrecen a sus accionistas de forma comparable a las decisiones de un presidente con sus representados. Ambos disponen de un gran poder discrecional delegado y pueden padecer la tentación de usar los recursos de los accionistas-electores en beneficio propio, pero sólo uno tiene un freno legal a su continuidad.

La Iglesia Católica elige a su representante máximo- con rango de Jefe de Estado- a perpetuidad, delegando en Dios el término de su mandato.

Algo similar ocurría con los jueces de la Corte Suprema. Aunque siendo el nuestro un Estado laico ya no era Dios quien estipulaba el fin de su mandato sino la biología. Hoy existe el límite de una edad máxima, pero la idea sigue siendo la misma: privilegiar la continuidad y la experiencia por sobre la alternancia.

Tampoco los senadores o diputados tienen un límite de mandatos, como tampoco lo tienen esos expertos en estructuras enquistadas como son los rectores de universidades.

No permitir la continuidad de un Jefe de Estado limita su discrecionalidad y sus eventuales abusos pero también nos hace perder los beneficios de una experiencia exitosa. Si la presidencia fue fallida, ¿no podemos suponer que pocos la querrían prolongar?.

En la mesa del Poder, donde el presidente discute con empresarios, dueños de medios, representantes de la Iglesia, sindicalistas, embajadores o jueces, el único cuya continuidad está limitada es justamente el único que votamos. La razón es que tememos al tirano perpetuado por los votos, aunque nuestra historia sea avara en tiranos democráticos y prolífica en dictadores que nadie votó.

Hasta la reforma de 1994, nuestra Constitución preveía un mandato no renovable. Nuestros constituyentes parecían temerle más a los riesgos que podrían generar dos períodos consecutivos de un mismo presidente que a la pérdida de los beneficios de prolongar una presidencia exitosa.

Mientras limitamos su continuidad y los juzgamos cada dos años en base a los resultados coyunturales, solemos exigir que nuestros gobernantes tengan una visión de largo plazo. Es decir, que construyan futuro limitando su presente y que no hagan hincapié en esa coyuntura que decidirá nuestro voto y su continuidad (en ese sentido es asombroso que a nadie se le haya ocurrido la idea de limitar los mandatos presidenciales a un solo día).

La magnificación de la alternancia como esencia de la democracia no deberían limitar los entusiasmos, los deseos y la libertad de elección del verdadero protagonista de esa misma democracia, el ciudadano.


Foto: reacción de una junta de accionistas a la propuesta de no reelegir al CEO exitoso para beneficiar de la virtud de la alternancia (gentileza Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED). 
Pispeá
 

La sensación de corrupción



Columna publicada en Nueva Ciudad.


“Me preocupa la corrupción del puente que no se hace, no la corrupción del puente que se hace y cuesta 40% más.”

“El costo visible de la corrupción es cuando convive con las decisiones equivocadas respecto de la gestión del país y el rumbo.”


Miguel Bein (entrevista de J. Fontevecchia / marzo del 2014)


Una letanía persistente describe a los kirchneristas como gobernantes inescrupulosos cuyo único fin es acumular riquezas pero que, sin embargo, confrontan con los grupos económicos más poderosos, históricamente proclives a premiar los apoyos políticos.

Dispondrían para el saqueo de la ayuda incondicional de una justicia adicta aunque, asombrosamente, no logran el apoyo de esa misma justicia adicta en iniciativas que consideran vitales, como la Ley de Medios.

El hecho de que las condenas por corrupción no estén a la altura de la sensación de corrupción, sólo prueba la complicidad judicial. “Si no condenan a los chorros es que los jueces también lo son”, concluye el ciudadano indignado, reemplazando al fallo imperfecto por la perfección de sus certezas.

Ese mismo ciudadano indignado exige que un funcionario sospechado o investigado renuncie, otorgándole a los medios de comunicación o al Poder Judicial, cuyas investigaciones pueden durar más de una década, la facultad de vetar ministros o incluso Jefes de Gobierno.

Los candidatos opositores, subidos a esa ola indignada, proponen implementar una genuina independencia judicial a la vez que prometen “mandar a todos los delincuentes a la cárcel”, un deseo algo contradictorio con la tan deseada independencia de los jueces.

La sensación de corrupción clausura cualquier debate político. El sospechado es corrupto y el corrupto es sólo eso, un corrupto. La sensación de corrupción, además, iguala al conjunto de la oposición. Quienes están a favor de alguna iniciativa oficial la denuncian por estar de alguna manera ligada a la corrupción junto a quienes se oponen con ahínco a esa misma iniciativa.

El enfrentamiento político no sería entre políticas diferentes o diagnósticos opuestos sino entre honestos y corruptos. Un combate, al parecer, milenario.

Sin embargo, si gracias a las investigaciones de un ignoto Lanata del siglo XIX hoy nos enteráramos que el ministro Eduardo Wilde robó un cenicero, no lo trataríamos por eso de corrupto. “Es sólo un cenicero” argumentaríamos con razón. ¿Y si fueran cien? ¿Y si fueran mil o diez mil ceniceros?

¿A partir de cuántos ceniceros Eduardo Wilde dejaría de ser el ministro brillante al que le debemos la Ley 1420 de Educación Común para transformarse en un corrupto cuya obra política no merece siquiera ser analizada sino sólo denunciada su condición de tal?

Si nos enteráramos que Moreno Ocampo pasó viáticos indebidos durante el Juicio a las Juntas o nombró amigos en la fiscalía, ¿eso modificaría su notable tarea como fiscal adjunto en ese mismo juicio?

Por otro lado y más cerca de nosotros ¿el drama de los ´90 fue la pista de Anillaco, la Ferrari de Menem y el petit hotel de María Julia o un diagnóstico errado que llevó al país a la quiebra?

Del primer peronismo hoy valoramos el aguinaldo, las vacaciones pagas, las viviendas sociales, los hospitales o el estatuto del peón, pero insólitamente no recordamos las escandalosas joyas de Evita, la denunciada fortuna de Perón o los sospechosos manejos de la Fundación Eva Perón. Sin embargo, esos hechos desbordaron los medios opositores de aquella época y las conversaciones indignadas de ciudadanos virtuosos. Incluso algunos, pese a apoyar muchas de las medidas oficiales, respaldaron el golpe del ´55 con el argumento de “frenar los abusos”.

La historia demostró que sólo lograron interrumpir los logros.

Un gobernante debería ser juzgado por sus iniciativas políticas, como un director lo es por sus películas sin que nos preguntemos si su productora está al día con las cargas sociales. Iniciativas y películas son lo que perdura y lo que cambia, para bien o para mal, la vida de las mayorías.

Si además el gobernante o el director robaron un cenicero, o mil, o diez mil, esperamos que sean juzgados y condenados, probablemente con la dificultad que implica juzgar y condenar a cualquier ciudadano poderoso (si los jueces fueran inmunes al poder nuestras cárceles no estarían tan llenas de pobres diablos y tan raleadas de poderosos).

Se suele argumentar que los políticos manejan “nuestra plata”, algo que no ocurre con los privados. Es un argumento falaz: el dinero que fugan los privados, las sobreganancias por posiciones dominantes o los ingresos no declarados son igualmente “nuestra plata”.

Como señala Miguel Bein, el costo mayor de la corrupción es el de instrumentar decisiones políticas desacertadas. Por eso quienes se interesan por la política deberían focalizar su atención en esas decisiones y no en el eventual instrumento delictivo, una tarea que deberían dejarle al fiscal.


Foto: Eduardo Wilde en su escritorio junto al sospechoso cenicero cuya adquisición con fondos federales nunca fue desmentida (gentileza Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).

Pispeá
 

La esencia de la democracia


Columna publicada en Nueva Ciudad.


Hace unos días, Ernesto Sanz, candidato radical del multimarca UNEN, explicó que “la regla central de la democracia es que nadie tiene la verdad total”.

Cleto Cobos, ese extraño político que ejerció la oposición desde la vicepresidencia de la Nación, consideró que “la democracia es diálogo”.

Gerardo Morales, otro humorista radical, explicó por su lado que tener mayoría en el Congreso frena toda posibilidad de diálogo, lo que nos llevaría a pensar que la verdadera democracia es la que se ejerce desde la minoría.

Desde el PRO, la diputada Laurita Alonso opinó que “el disenso es la esencia de la democracia”, es decir que el gobernante que consiguiera el mayor apoyo popular- disminuyendo el disenso- estaría atentando contra la esencia misma del sistema que lo llevó al poder.

Para Sergio Massa, la esencia de la democracia es, en realidad, la alternancia. Un gobierno exitoso que lograra ser reelegido durante varios períodos sería, bajo esa interpretación, menos democrático que un gobierno fallido que, al no conseguir renovar su mandato, estaría incentivando la virtuosa alternancia. Los gobiernos fallidos y no los exitosos serían, entonces, los pilares de la democracia.

En la seguidilla de citas de sobrecitos de azúcar en la que se ha convertido el discurso opositor (la Oposición Narosky por llamarla de alguna manera) no es infrecuente escuchar que la esencia de la democracia es, además, muchas otras cosas, como el respeto hacia las ideas de los otros, la tolerancia, la austeridad, la estima por el adversario, la transparencia, la duda, la ausencia de ambición personal o incluso la falta de soberbia.

Lo asombroso es que en esa larga cadena de definiciones nuestra Oposición Narosky suele obviar la más elemental: el voto popular.

Pino Solanas, senador porteño preocupado por los estragos de la megaminería, llegó a explicar, luego de una derrota de sus aliados en Salta, que los votos de aquella provincia eran de baja calidad. No habría nada, al parecer, como la legitimidad que otorga ser minoría.

La letanía opositora describe al gobernante democrático como un hombre justo, que no cree tener la verdad, respeta a sus adversarios, cree en la necesaria tolerancia y en el fructífero consenso y apuesta al diálogo aún disponiendo de las mayorías necesarias para votar sus proyectos.

Pero lo cierto es que esas notables virtudes no tienen, en este caso, ninguna importancia. Si nuestros gobernantes toman la precaución de respetar el voto de las mayorías, con eso alcanza para ser democráticos. La Constitución no les exige creer nada en particular, como tampoco les impide ser soberbios o estar convencido de tener la verdad. Alcanza con que acepten las reglas del juego y, por supuesto, convenzan a las mayorías para que los apoyen.

La ausencia del voto popular en la larga perorata de esencias de la democracia con la que nos agobia nuestra Oposición Narosky apunta a construir legitimidad por fuera del apoyo de las mayorías. La legitimidad democrática estaría ligada, entonces, a cualidades más intangibles.

Una pista posible sobre esas cualidades es la que dieron los organizadores del Coloquio de IDEA que, a la vez que criticaron al gobierno por “querer imponer leyes”, propusieron que los candidatos aceptaran una serie de puntos como “políticas de Estado” que no dependerían del gobierno que se elija en el 2015. Es decir, políticas con coronita: definidas por gente que nadie votó, protegidas de los vaivenes electorales y a salvo de la voluntad popular.

La letanía de la Oposición Narosky, al incentivar la desconfianza hacia las mayorías, es un generoso elogio de la minoría ilustrada, del saber técnico exento de intenciones electoralistas y, en el fondo, de las virtudes del voto calificado. Todas caras de regímenes lejanos a la democracia a la que dicen aspirar. 

Paradojas de la Oposición Narosky.



Foto: El presidente Illia, electo por fuera de las mayorías, conversa alegremente el día de su asunción con las autoridades militares que lo derrocarán, demostrando que la democracia es diálogo pero también humildad, disenso y por supuesto, alternancia (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED). 
Pispeá
 

El dilema opositor





Columna publicada en Nueva Ciudad.

Los medios opositores describen desde hace años un país gobernado por Atila, un tirano cruel e inflexible que sojuzga a su pueblo y lo condena a la barbarie.

No se trata solamente de oponerse a iniciativas oficiales que no comparten sino de alertarnos cada semana- con precisión helvética- sobre la esencia nazi, estalinista, castrista o simplemente autoritaria, del gobierno.

No es algo nuevo. La prensa opositora denunciaba el autoritarismo oculto detrás de cada iniciativa del primer peronismo (como el voto femenino, el aguinaldo o las vacaciones pagas que hoy todos apoyamos) y, durante el alfonsinismo, alertaba sobre los depósitos de armas de la Junta Coordinadora Nacional.

No es tampoco un invento local. Según la prensa opositora más extrema, Obama es un fanático musulmán que busca instaurar el comunismo en EE.UU. y exterminar a los ancianos en centros de eutanasia pagados con fondos federales.

Apenas decidió presentarse a su reelección, Lula fue un alcohólico violento y un líder autoritario que la ciudadanía debía frenar a toda costa. Por no mencionar a Chávez, descripto por la prensa opositora venezolana como un extraño déspota antidemocrático que se dedicaba a ganar elecciones.

El diagnóstico apocalíptico no tolera matices. Si lo que padecemos es la dictadura de Pol Pot el rechazo debe ser absoluto. Analizar las iniciativas de una dictadura violenta en lugar de combatirla equivale a prolongarla innecesariamente. Tampoco importa definir con qué la reemplazaríamos, sólo urge reemplazarla.

El problema es que los medios exigen que los candidatos opositores compartan ese mismo diagnóstico y a la vez puedan ser una opción atractiva de gobierno. Es decir que denuncien eso que las mayorías no ven y logren, además, seducirlas. Una tarea no sólo titánica sino básicamente contradictoria.

El diagnóstico apocalíptico no carece de entusiastas. Losforistas de La Nación y los participantes de cada nuevocacerolazo sienten que muchas de los calamidades que describen los medios son reales. Algunos están sinceramente convencidos que un Ejecutivo con mayoría parlamentaria equivale a una dictadura o que la ausencia de conferencias de prensa nos condenaba a ser Corea del Norte (aunque la existencia actual de esas mismas conferencias no nos condene a ser Noruega). Viven en una indignación perpetua que sólo va modificando sus causas.

Pero así como son muchos ciudadanos, con muchos recursos y mucha visibilidad, son muy pocos electores, como lo demostró el 1,8% de votos que consiguió la Mentalista Carrió en las últimas elecciones presidenciales, luego de transformarse en su abanderada. Focalizar en ese electorado y creer que la visión de los medios es el sentido común de las mayorías es vitrificarse en una oposición eterna.

El gran acierto de Sergio Massa en las elecciones del 2013 fue intentar una oposición al margen del diagnóstico apocalíptico, ilustrada por la famosa ancha avenida del medio. La perogrullada de “mantener lo bueno y cambiar lo malo” fue, en el menu de opciones que ofrece hoy la oposición, una notable declaración de principios. A nadie se le ocurriría mantener algo de la dictadura de Pol Pot.

A un año de su lanzamiento, Massa diluyó ese perfil diferente y hoy compite en superlativos con los otros candidatos, prometiendo derogar más leyes en menos tiempo o juntando firmas para frenar nuevos códigos repletos de nuevas calamidades kirchneristas. Ese corrimiento ha permitido la asombrosa paradoja de que un opositor frontal como Mauricio Macri pueda ocupar la ancha avenida del medio- hoy vacía- y prometa que mantendrá gran parte de las iniciativas emblemáticas de estos doce años de gobierno kirchnerista, que desde hace diez años denuncia como autoriario.

El cambio de Massa refleja el dilema opositor en su conjunto: si los candidatos repiten el diagnóstico apocalíptico se quedan sin electores; pero si al contrario prefieren ejercer una oposición más matizada y- en el fondo- más política, se quedan sin medios.

Y sin medios los candidatos no logran hacerse conocidos ni difundir sus propuestas masivamente. Son invisibles.

Lo que implica, a la larga, quedarse sin electores.




Foto: En los estudios de TN, Massa, Macri, Sanz y Binner se comprometen a debatir en TN (cortesía Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá
 

Próxima Gran Cena de la MAK miércoles 5 de noviembre


Preocupado por este giro a la derecha que no logra seducir a la derecha, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Coffee Breaks y Peloteros (la ya legendaria SeGuCoBrePe, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organice la próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 5 de noviembre, en honor a San Gerlaco, eremita cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

El lugar es el habitual, el ya legendario Salón Dorado Horacito Rodríguez Larreta del Círculo Salvavidas, ubicado en Cabello 3958, barrio carenciado de Palermo, a las 20:00.

Como creemos en las tradiciones mantendremos el sistema lanzado en la última cena: se pagará una entrada única de $60, lo que dará opción a empanadas frozen, vino de ferretería y gaseosa tibia a granel.

Quienes a pesar de la crisis y del cepo a la esperanza dispongan de recursos extra, podrán negociar con Moni (del Círculo Salvavidas) el plato Super De Luxe Primera Especial, como milanesa, pechuga, ensalada y demás manjares.

Por razones de seguridad nos vemos en la obligación de mantener el santo y seña: "¡Qué desmejorado que está Elbosnio!". Oficiales de gendarmería lo exigirán a la entrada.

Foto: Durante la Universidad de Verano de la MAK, el General, Aberel y la Señora Bibiloni (en uniforme de fajina) prueban un nuevo dispositivo para amedrentar opositores.

Cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led.
Pispeá
 

La Mentalista



Columna publicada en Nueva Ciudad.

Con un discurso delirante pero bien articulado que mezcla a Hannah Arendt con las lluvias de fuego inminentes, al Gordo Valor con los partos sin peridural -también inminentes- y a la Desatanudos con la República y los mandalas, la Mentalista logra electrizar a su audiencia; una virtud poco frecuente entre los líderes opositores.

Ese carisma y el generoso apoyo mediático con el que suele contar no necesariamente se traduce en peso electoral (recordemos que entre su candidatura presidencial de 2007 y la del 2011 perdió 4.000.000 de votos, es decir, el 90% de su electorado) pero sin duda la transforma en una jugadora política insoslayable. Posee, además, un notable poder de construcción -como lo demuestran el ARI, la Coalición Cívica, el más efímero Movimiento Humanista de Resistencia y Construcción y también su última co-creación, el multimarca UNEN- sólo superado por su extraordinario poder destructivo. Ella es el único jugador que permanece en pie luego de cada nuevo y esperado tsunami.

Su gran versatilidad le permitió, en unos pocos años, transformarse de aquella pasionaria que junto al economista heterodoxo Rubén Lo Vuolo denunciaba a bancos y multinacionales y exigía mayor regulación estatal, en esta señora bien que denuncia el Estado depredador y pide eliminar las retenciones y reemplazarlas por “deuda legítima” junto a Alfonso Prat Gay, en una reedición de la Teoría del Derrame pero en clave moral.

De definir las alianzas en base a fronteras honestistas (“Mi límite es Macri”) pasó a proponer acuerdos con fines explícitamente electoralistas (“Si no vamos con Macri gana el PJ”).

Puede aliarse con cualquier partido o candidato opositor, eludiendo siempre el fastidio de las definiciones políticas y “reemplazando la imprecisión por énfasis” (parafraseando lo que escribió José Natanson sobre Pino Solanas).

Frente a ese enorme magnetismo, la oposición y en particular la UCR, no logra definir una estrategia clara. Pasa de la burla y el desprecio al pedido de ayuda, de la tolerancia al odio y luego nuevamente a la tolerancia.

Muchos acuerdan que no es una socia confiable pero todos saben que es una adversaria despiadada. En la política espectáculo no tiene parangón, arma y desarma acuerdos desde los medios, hace denuncian judiciales o llama a conferencias de prensa para anunciar calamidades inminentes aunque siempre esquivas.

Contradice a sus socios y reniega con pasión de eso que hasta ayer defendía con ahínco. No acepta otra autoridad que la suya y sabe que sus seguidores no esperan de ella coherencia política ni proyectos de gobierno sino visiones apocalípticas que confirmen las suyas: – ¿Qué ve, Elisa?, llegó a preguntarle Marcelo Bonelli, oficiando de asistente pitoniso.

Su alergia a la gestión ejecutiva es sólo comparable a su aversión a la negociación parlamentaria. Su tribuna está en los medios y en la fiscalía, no en el Congreso ni en el partido. Su liderazgo no tiene militancia ni otro territorio que el que delimita el decorado de un estudio de televisión. Suele apadrinar a jóvenes dirigentes que luego suelta en el vacío de sus explosivas decisiones tácticas.

Como en todo relato anti-político, el drama es el gobierno, una asociación ilícita dedicada al robo a gran escala y en el fondo a la maldad planificada. Su antídoto es la Virtud, encarnada en una heroína mítica que resiste contra todas las presiones, llora en directo, anuncia catástrofes terminales aunque luego nos tranquiliza diciéndonos que vamos a estar bien. En sus análisis nunca hay factores de poder ni conflictos de intereses que la política debería regular, sólo demonios desatados por una pareja presidencial que destruyó el equilibrio de un país tradicionalmente manso, que hasta el 2003 resolvía sus conflictos con la parsimonia de un cantón suizo.

La Mentalista es el narcótico de la oposición. Su consumo mejora el presente, aporta presencia en los medios, suma apoyos indignados y acerca consignas atractivas y denuncias proféticas. Pero al mismo tiempo esteriliza toda vocación de poder, condenando a sus adictos a la irrelevancia enfática y la minoría eterna.

No es un mal futuro para una estrella de la telepolítica. No parece ser un destino soñado para un gran partido popular, en particular si además es centenario.


Foto: un grupo de militantes de la Mentalista desmienten su no existencia durante un simpático té canasta (gentileza Fundación LED para el Desarrollo de la Fundación LED).
Pispeá
 

El relato del No-Relato



Columna publicada en Nueva Ciudad (¡Mamá, soy columnista!)

 
Hace uno días el PRO presentó La Vía PRO, una mezcla de manual de estilo y Libro Rojo del macrismo, que, con simpatía y liviandad, explica su voluntad de lograr la felicidad del vecino prescindiendo de ideología.

Más allá de la dificultad de imaginar un partido sin ideología -es decir, sin ideas articuladas entre sí y sin una visión de la realidad un poco más compleja que lindo / feo- el manual es coherente con el relato del PRO. Utilizo Relato para retomar no sólo un término muy en boga sino, en rigor de verdad, para resaltar el relato duranbarbista del No-Relato, corolario de la ideología de la no ideología.

Según el No-Relato, la felicidad se obtendría con diálogo y buena onda; buscando, entre todos, las soluciones adecuadas; enriqueciéndonos con las diferencias y eludiendo como al ébola la confrontación que incentiva el gobierno nacional.

El PRO aprende de sus errores: la idea de La felicidad está al alcance de la mano del vecino pareciera superar a la de ciudadano, condenado a no encontrarla, perdido entre la intolerancia y la desidia.

La sonrisa Colgate de Mariú Vidal reemplazó al fascismo explícito de Posse y las patotas de la UCEP, al menos en los titulares. Una serie de confortables carriles exclusivos para colectivos ocultaron los 70 km de subtes nunca construidos. Las plazas renovadas y la alegría masiva de los recitales dejaron en segundo plano hospitales y escuelas a la intemperie. La inoperancia, la imposibilidad de hacer, parece transformada en virtud.

El discurso del PRO mide la política por su componente instrumental. Ese entusiasmo por la Heidipolitik es compartido por gran parte de la oposición, pero el PRO tiene la dificultad suplementaria de tener que, además de enunciar principios tan virtuosos como inaplicables, administrar un distrito.

El No-Relato ayuda a que un Jefe de Gobierno con 120 vetos en su haber pueda elogiar las virtudes del consenso sin sonrojarse; mientras que sus ministros se dan el lujo de condenar el capitalismo de amigos al tiempo que adjudican obras a Nicolás Caputo, cofundador del PRO, amigo personal de Macri y su asesor hasta el 2008.

El PRO es la construcción conservadora más exitosa de los últimos años porque, a diferencia de los intentos anteriores, logró dejar de lado un tenaz antiperonismo. Junto a los simpáticos cursos de entusiasmo de Alejandro Rozitchner, el PRO tiene a Cristian Ritondo asegurando el sur de la Ciudad. El No-Relato permite articular a una Michetti -pasionaria de las Señoras Bien- con el PhD en Rosca Diego Santilli y, a ambos, con un conservador lúcido como Federico Pinedo.

Algunos marcarán que el No-Relato se beneficia de un generoso apoyo mediático. Es cierto, pero ese apoyo no difiere demasiado del que recibieron todas las anteriores esperanzas blancas -desde Sobisch, hasta De Narváez, pasando por López Murphy o Cavallo- que, sin embargo, fracasaron.

Desde los recitales masivos (antes Violetta, en unos días Ricky Martin), hasta el mobiliario urbano del Metrobus. Desde las cajitas amarillas con bolsitas para la caca del perro entregadas en los edificios hasta las Estaciones Saludables -también amarillas- de las plazas. Desde las pantallas con videos de Horacito Rodriguez Larreta en loop en estaciones de subte y salas de espera de hospitales hasta la Usina de las Artes, el PRO vive comunicándose con su electorado desde hace 7 años, en campaña permanente.

A diferencia de Elisa La Mentalista Carrió o Pino, senador por TN, Macri es dueño de sus votos. Conoce a su electorado, sabe cómo hablarle, tiene un liderazgo indiscutido en su partido y consigue el milagro de independizarse de su limitada gestión, logrando posicionarse como candidato incluso a nivel nacional. No es seguro que esto alcance fuera de la General Paz, pero hoy está claro que es el dueño político de la Ciudad de Buenos Aires.

El desafío de las fuerzas políticas que busquen superar el No-Relato del vecino feliz comienza por comprenderlo en lugar de despreciarlo, por dejar de lado el prejuicio del elector del PRO como un tipo con campera Cardon que veranea en La Barra y añora la Dictadura, y por recrear un relato que ponga en el centro al ciudadano, con sus luces y sombras.


Foto: Participantes saliendo del Taller de Entusiasmo de 
Alejandro Rozitchner (cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led).





Pispeá
 

Próxima Gran Cena de la MAK (Silvina Batakis)


Preocupado por este gobierno que apoya al establishment sin lograr que el establishment lo note, y lanza iniciativas marxistas que no entusiasman a los marxistas, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Charlas Motivacionales y Bautismos (la ya legendaria SeGuChaMoBa, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organice la próxima Gran Cena de la MAK el miércoles 1 de octubre, en honor a San Romano de Melodo, diácono cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

La Gerencia de Invitados Ilustres (la célebre GIL) decidió consolidar su trayectoria de éxitos ininterrumpidos con la presencia de Silvina Batakis, ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires, apadrinada por el amigo Mus, quien envalentonado por la visita prometió incluso hablar.



El lugar es el habitual, el ya legendario Salón Dorado Horacito Rodríguez Larreta del Círculo Salvavidas, ubicado en Cabello 3958, barrio cacerolero de Palermo, a las 20:00

Como crecer es cambiar y lo que sucede conviene, hemos dispuesto un cambio radical- con perdón de la palabra- en el sistema de cobranza: se pagará una entrada única de $60, lo que dará opción a empanadas frozen, vino de ferretería y gaseosa tibia a granel. 


Quienes a pesar de la crisis dispongan de recursos extra, podrán negociar con Moni (del Círculo Salvavidas) el plato Super De Luxe, como milanesa, pechuga, ensalada y demás maravillas.


Por razones de seguridad nos vemos en la obligación de mantener el santo y seña"¡Qué desmejorado que está Elbosnio!"Se la exigirá a la entrada, esta vez sin excepciones. 



Foto: En el Centro de Entrenamiento Néstor Carlos Kirchner, el General (parado, con bombo y uniforme makista reglamentario) enseña a nuevos reclutas el arte de amedrentar opositores (cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led).
Pispeá
 

Juan Domingo Faustino


"Las contradicciones se vencen a fuerza de contradecirlas"

D.F. Sarmiento

“Ya se sabe la elección de los argentinos. Si en lugar de canonizar el Martín Fierro, hubiéramos canonizado el Facundo como nuestro libro ejemplar, otra sería nuestra historia y sería mejor”
J.L. Borges




Cada 11 de septiembre, con precisión de metrónomo, recordamos a Sarmiento. 

Además de los lugares comunes habituales de gran educador o gobernante modesto que murió en la pobreza, solemos leer alabanzas al dialoguista y al entusiasta del consenso. Cualidades sin duda notables que asombrosamente sus contemporáneos nunca detectaron ya que solían tratarlo de Don Yo o simplemente El Loco

Fue en realidad un escritor genial, un político apasionado, un orador impiadoso y un Presidente impaciente poco proclive a dejar sus certezas de lado. Un hombre que a pesar de la misteriosa frase que escribió en los baños de Zonda- "Las ideas no se matan"- dedicó su vida a matarlas, con otras ideas.

El gran compendio de esas ideas fue el Facundo, uno de nuestros libros canónicos. La biografía de Juan Facundo Quiroga es un panfleto brillante, un ensayo desbordante escrito contra Rosas desde el exilio, que propone una explicación al drama argentino -la Barbarie- y ofrece una hoja de ruta hacia su superación -la Civilización-. Pero no es sólo eso: Sarmiento se opone con tenacidad al federalismo del Restaurador de las Leyes pero al mismo tiempo se aleja de la ingenuidad unitaria rivadaviana. Entre las críticas al bárbaro se filtra incluso una cierta admiración -"Nuestras sangres son afines" dirá sobre su biografiado- que Borges retomaría en el genial Poema conjetural.

Sarmiento tenía ideas claras sobre todo, botánica, educación, literatura, dibujo, agronomía, finanzas, moda masculina, belleza femenina, mercados árabes, ferrocarriles, cigarros y alumbrado público. La escritura fue para él combate, no respeto por el adversario. Algo que pudo comprobar su antiguo amigo Alberdi, tratado de "mentecato que no sabe montar a caballo, abate por sus modales, mujer por la voz, conejo por el miedo y eunuco por sus aspiraciones políticas" en una carta privada luego publicada en Las ciento y una. Un estilo intolerante que hoy haría temblar de indignación a esos entusiastas de la Heidipolitik que nos aturden con la necesidad de conversar sin avasallar, respetar cualquier idea, buscar el consenso a cualquier precio y no imponer una iniciativa en el Congreso ni aún disponiendo de los votos para hacerlo.

Como escribimos alguna vez, al contrario del relato al agua florida que solemos escuchar, Sarmiento fue un político crispado y violento, usó apasionadamente el paradigma amigo-enemigo para consolidar sus ideas (¿qué otra cosa fue su Civilización y Barbarie?), no se amedrentó frente a nada, ridiculizó con ferocidad a sus rivales, tomó las instituciones como un marco y no como un límite, ejerció el poder con obstinación e impaciencia y dejó un legado notable. 

Sarmiento era peronista.



Imagen: Sarmiento caricaturizado por un contemporáneo que tampoco parece haber detectado su enorme respeto hacia las opiniones ajenas (cortesía Fundación Led para el Desarrollo de la Fundación Led).
Pispeá
 

Así fue la Gran Cena de la MAK (Sergio Urribarri)




Preocupado por este Estado ausente que busca controlar a la ciudadanía, nuestro Maestro de Luz Elbosnio, el Sri Sri Ravi Shankar del kirchnerismo de salón, dio curso a la Secretaría de Guateques, Cachondeos y Retiros Espirituales (la ya legendaria SeGuCaREs, por sus siglas en inglés) liderada por Nagus el Magnífico para que organice una Gran Cena de la MAK el martes 2 de septiembre, en honor a San Elpidio del Piceno, obispo y mártir cuya vida ejemplar lo iluminó en la suya.

La Gerencia de Invitados Ilustres (la célebre GIL) decidió continuar con su seguidilla de éxitos y esta vez logró la presencia de Sergio Urribarri apadrinado por el conocido rosquero Nagus.

Luego de leer escrupulosamente el Orden del Día que estableció la imperiosa necesidad de contar con uno, y de definir de manera fehaciente el número de fin de ciclo kirchnerista de la semana (“Doy fe que es el Nº 2.087” anunció la doctora María Amelia, escribana de la MAK) dimos curso al Inye para que lanzara su ya legendaria y muy esperada Crónica de la Rosca Bonaerense (una válvula antiK lo dejó de a pie e impidió que participara de la última cena).

El Inye arrancó explicando que Scioli debería pedir mejores chicanas, o al menos evitar hablar de puertos, rutas y bicisendas, y luego mencionó a Martín Insaurralde, conocida personalidad del mundo del espectáculo. "El garrochazo se prepara a todo trapo, al parecer con 2 o 3 intendentes más. Tratan de alargar al máximo la novela para que el pase haga el mayor daño posible al FPV".

"Massa se mantiene, sin crecer pero sin bajar. Macri no tiene territorio y necesita el apoyo de la UCR, pero la UCR quiere arreglar primero en las provincias y después ver Nación. Para el PRO es al revés". Con respecto al FPV, para el Inye tiene un piso de 30/35% pero el candidato que gane las PASO tiene que lograr conservar los votos de los otros, y el aparentemente mejor posicionado Scioli no lo lograría.

El amigo Contradicto propuso a Berni como candidato en Provincia. "A la izquierda de CFK está la pared y a la derecha de Berni, también", se entusiasmó.

Para la amiga María Pita Berni es la vuelta al autogobierno policial ("Ojo además con el discurso anti-extranjero"). Nuestro Maestro de Luz recordó lo que dijo Taiana sobre que CFK y NK fueron la vanguardia del movimiento. "La no represión de la protesta social fue más allá de lo que pedía la opinión pública".

"No hay mucha diferencia entre CFK y Berni, opinó Mus, haciendo referencia al discurso presidencial en la apertura de sesiones del Congreso. "Efectivamente Sergio Berni no es una imposición de los Fondos Buitre", concluyó nuestro Maestro de Luz.

Barban, en sintonía con María Pita, explicó que hay que fijarse en qué protesta se busca reprimir. "No se trata de un piquete en Santa Fe y Callao sino de sectores postergados" ("Berni es a la seguridad lo que Moreno fue a la economía", escribe el Gran Horacio).

La llegada de Sergio Urribarri nos salvó de un nuevo espectáculo de Flying Chairs, una costumbre makista algo olvidada, aún en presencia de los amigos Mendieta y Pura Magia.

Al presentarle la MAK le explicamos que la 125 había sido tan fundacional para nosotros como creíamos que lo había sido para él ("Néstor nos generó pasión, Cobos incondicionalidad"). "Hay un antes y un después a la 125", explicó, "tanto para el modelo como para sus militantes y dirigentes 
(Urribarri acababa de ser electo como gobernador de Entre Ríos cuando estalló el conflicto, como dicen los periodistas). De 28 diputados me quedé con 1, me amenazaron, los dirigentes del campo se metieron en la Casa de Gobierno. En aquel momento (2008) Busti declaró que yo no duraría 4 meses. En el 2011 le sacamos 38 puntos de diferencia".

"Pese a todo logramos hacer una reforma tributaria y hoy un campo de similar precio y extensión a uno de Córdoba o Buenos Aires tributa 10 veces más. Además como modificamos la valuación fiscal también la Nación cobra más a través de Bienes Personales".

La rama femenina brilló con Helenita, Clauion, Lauravi y Graciela B., a la que se sumó la amiga Pat Malanca y La Carancha, liderando por segunda vez consecutiva la Mesa Separatista junto al amigo Mus (que rechazó una invitación de Tinelli para venir a la MAK).

Volvió el amigo Guille, ausente con aviso desde hace meses, aunque no arrojó ningún libro. Otra tradición que se pierde.

Urribarri se presenta como una continuidad clara de CFK (aunque descartó rotundamente que fuera a usar stilettos Louboutin o incluso carteras Vuitton). En Entre Ríos replicó las políticas de Néstor y Cristina y propone en Nación retomar el Evangelio K, como la recuperación del Estado y la política como herramientas de transformación, y Memoria, Verdad y Justicia.

Al Orden y Progresismo del amigo Tinta Limón, agrega la gestión, para él un aspecto clave de los años kirchneristas ("Entre Ríos creció 46% en 7 años, la matrícula infantil aumentó 54%, el índice de mortalidad infantil es el 2º mejor del país, con ayuda de la Nación hicimos 1 aula cada 2 días, 1.700 km de ruta...Como todo petiso soy agrandado.").

En ese momento, sorprendidos, nos dimos cuenta que el invitado hablaba sin ser interrumpido por culpa de la dolorosa ausencia de Dani, Interrumpidor Oficial (IO) de la MAK, mientras Matías, su joven joven Padawan no podía reemplazarlo por haberse caído dentro de una fuente de empanadas frozen. Recurrimos entonces a Tom Slick, Acotador Compulsivo (AC) de la MAK, quién le preguntó al candidato como se llevaba con Rossi, nuestro último invitado. "Como dice el Chivo, hay que generar masa crítica y después vemos".

Quedamos azorados. Si los candidatos oficialistas dirimen sus internas con diálogo y consenso el fin de ciclo kirchnerista está efectivamente cerca.

El amigo Guido, referente de Palermo K (espacio que apoya a Urribarri) explicó que hay que consolidar un candidato contra el candidato por default Scioli. Para él ese candidato es Urribarri, por su experiencia de gestión de una provincia media, sus grandes resultados y su defensa de Memoria, Verdad y Justicia.

Alguien mencionó el tema de la seguridad. Para Urribarri "muchas fuerzas de seguridad están cooptadas, en muchos conurbanos". Con respecto a las declaraciones de Berni agregó: "¿Qué culpa tienen los extranjeros que se rompen el culo trabajando de que un extranjero delinca?". Otro compañero preguntó por la polarización en la opinión pública: "Hay una polarización en Argentina, estamos nosotros y está el zoológico, y hay sobreoferta de candidatos mediáticos."

La amiga Graciana fue reprendida por nuestro Maestro de Luz por preguntar dos veces lo mismo. "Las cosas siempre se repiten, sino no existiría la literatura", le contestó bajo la lluvia de aplausos de su guardia imperial.

A la pregunta de un compañero sobre el PROCREAR y la dificultad de lanzar planes de vivienda si el precio de los terrenos sigue una lógica de mercado, Urribarri explicó que el Estado debe tasar y expropiar.

El tema del aborto volvió a incendiar los ánimos, lo que prueba que es el trinitrotolueno de las campañas.

Para Urribarri se viene un movimiento destituyente por el tipo de cambio. Por eso hay 50% de la cosecha en silos bolsa ("Se creyeron el cuento de Clarín que la soja iba a subir y bajó...").

Como Aníbal, considera que el Estado debe intervenir a través de una comercializadora ("No como el IAPI, eso sería imposible"). "El sector cooperativo tiene que ser nuestro socio, con la comercializadora lo lograríamos". "Pero así como le hinché las bolas a CFK con Fútbol Para Todos y con YPF (él le presentó a Gallucio a CFK), con la comercializadora no lo logré", concluyó.

Bueno, alguna tarea le tiene que quedar para cuando sea presidente.


En ausencia del General, la Comisión de Remeras Para Invitados no estuvo a la altura y Urribarri se fue sin la suya. Así nos va.

Antes de terminar la cena, Pat Malanca distribuyó entre un selecto grupo de fans una versión prohibida de su último disco, recién caída del camión.



Foto: En la escalinata del Círculo Salvavidas, nuestro Maestro de Luz Elbosnio (en el centro, con su tradicional mitra makista) acompaña a Urribarri, junto al Inye, Contradicto, Guille, Barban y Nagus (sin pelo).

Detrás, de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo, los miles de participantes que no dejaron su nombre en la lista.

A mí no me busquen. En pleno ajuste, no podemos pagar un fotógrafo y no tuve más remedio que resolver el tema yo, con la Kodak Fiesta que me regaló Perette para cubrir su campaña del ´83 con De la Rúa.
Pispeá